El empleado del mes

Desde su primer entrevista para trabajar con nosotros, Mariano me mira de una manera especial. A medida de que iba pasando el tiempo y la confianza entre él y yo aumentaba el chico se fue soltando un poco más y las primeras indirectas empezaron a aparecer. 
Todos los días, en algún momento, lo agarraba con la vista clavada en mí. Pero no de esas miradas de un pibe de 18 años pajero y goma. Sino que me miraba con cierto enamoramiento y dulzura. Tan concentrado en eso que más de una vez tuve que decirle "Hey! Volvé!" porque lo notaba ido. Como ausente. La situación de vergüenza y cierta tensión la desarmaba riéndome o haciéndole algún chiste, porque notaba que Mariano se ponía nervioso cuando lo descubría tan concentrado en mirarme.
Más de una vez mi marido me dijo 

  • A este pelotudo me parece que lo voy a tener que ubicar...
  • Por qué?
  • Pero, ¿vos sos boluda? ¿No te das cuenta de como te mira?
  • La verdad que no. Es un buen pibe y sumamente respetuoso
  • Bueno. Prestá atención porque ya me lo estoy montando en un huevo
Con el paso del tiempo las cosas siguieron igual pero Mariano supo ganarse el afecto y la confianza de mi marido al punto tal de dejarnos solos en el local varias veces, e incluso darle las llaves de su auto para que me alcanzara hasta algún lugar cuando yo estaba sin el mío. 
Hace casi diez años que Mariano trabaja para nosotros y juntos logramos una hermosa relación de cariño y amistad. Si bien la tensión sexual entre nosotros nunca aflojó, esto nunca fue un problema.
Yo festejé siempre sus chistes e insinuaciones porque ese es mi carácter y como toda mujer me encanta sentirme halagada aunque sepa que la intención final sea cogerme.
Después de mucho tiempo de trabajo juntos todos los días, una vez Mariano me pidió un rato para hablar conmigo. Estaba tan serio que supuse que había pasado algo, nunca me hubiera imaginado el motivo porque si lo que Mariano quería era coger, el tratamiento del tema no requería tanta seriedad. Coger es algo bueno y hermoso, pero no es algo que tenga que ser tratado con seriedad. Es corta: "Te quiero coger, vos querés?" y ahí se arregla y se termina todo.
Ese día cuando mi marido se fue a almorzar con un proveedor amigo llamé a Mariano a la oficina y le pregunté acerca de qué quería hablar conmigo. Lo noté muy nervioso y más tímido que de costumbre.
Él tendría en ese momento 21 años y yo 36. Empezó diciendo que le era muy difícil hablar de lo que le estaba pasando pero que ya no podía aguantar ni guardarse más todo lo que me quería decir.
En ese momento fui yo la que se puso seria porque en un segundo se me cruzaron mil cosas por la cabeza.
  • Quiero decirte que voy a tener que renunciar al trabajo. Hubiera hablado de esto con tu marido pero la verdad es que si me voy prefiero decirte a vos la verdad de por qué quiero renunciar necesitando tanto seguir a pesar de lo que me pasa.
  • Me asustás, Mariano. ¿Qué te pasa?
Hizo un silencio que pareció eterno y bajó la cabeza. Insistí dos veces para que hablara y me dijo mirándome a los ojos que le pasaban cosas conmigo. Me quedé inmóvil sin siquiera pestañear, mirándolo. Tragué saliva y después de pensar unos segundos qué podía responder, le dije que no podía ser. Que estaba confundido. Fiel a mi estilo de decir las cosas como son le dije que estar caliente con alguien no quiere decir que "le pasen cosas". Yo notaba continuamente que Mariano me miraba. Que estaba todo el día pendiente de mí y de lo que necesitaba en todo momento. Pero siempre pensé que yo le gustaba, que lo calentaba...nunca que "le pasaran cosas conmigo".
Después de un rato de charla y conociendo la situación económica de Mariano y su familia le dije que no necesitaba renunciar. Que nunca se le ocurriera renunciar y mucho menos hablar de este tema con mi esposo. Que yo iba a buscar la solución para que no tuviéramos que compartir tantas horas y nos viéramos lo menos posible. Aún así, me costaba creer lo que estaba pasando. Si me hubiera dicho "Me calentás tanto que no puedo más", quizás le hubiera chupado la pija en ese momento y todo hubiera quedado ahí. No soy ciega, Mariano es un morocho muy atractivo y sin dudas la hubiéramos pasado bien. Pero cuando me dijo "Me pasan cosas con vos" con el tono y la mirada que lo hizo, me descolocó. Soy muy sensible a la tristeza de los demás. Y yo lo había sentido triste. Después de algunos años de trabajar juntos sentía por él el mismo cariño y empatía que siento hoy.
Decidí ir a trabajar a otra sucursal durante un tiempo como para alejarme un poco de él y ver qué pasaba. Debo confesar que a partir de ese momento nunca dejé de pensar en él. Qué sentía, cómo estaba, y cómo iba a hacer para que este asunto no se me fuera de las manos. Me negaba a aceptar que renunciara al trabajo por mí. Sentía culpa, como la mayoría de las veces en muchas cosas, y a la vez empecé a tener curiosidad por saber qué hubiera pasado si hubiéramos cogido. 
Una vez mi psicólogo me explicó que esa cosa de la culpa nos queda generalmente a las personas que hemos sido abusadas. Sentir que lo que te pasa es culpa tuya, que vos lo buscaste, que vos lo quisiste, que vos lo hiciste...aunque seas inocente y no busques ni quieras lo que te pasó. Esos enfermos psicópatas te hacen sentir que la culpa es tuya y es muy difícil después, a pesar de los años, erradicar ese sentimiento de tu corazón. El famoso "Mirá cómo me ponés". Creo que la sensación de ser culpable de todo me acompañará toda la vida. Nos ponemos más sensibles y vulnerables, y es muy difícil manejarlo. Cada vez que alguien me dice "Es culpa tuya" siento una puñalada. Por más que cada día sea una nueva lucha y esté siempre bien lejos de victimizarme.

Después de un par de meses de verlo solo en ocasiones inevitables, un día desde la sucursal le mandé un mensaje preguntádole cómo estaba. Me contestó que me extrañaba mucho y me pidió perdón por no haber sabido manejar solo la situación, pero que sintió que si dejaba el trabajo sin sincerarse conmigo, me estaba fallando a mí y a él mismo.
A partir de ese día empezamos a hablar seguido y siempre me pedía que volviera. Cuando empecé a notar su cambio de actitud sentí que era el momento de volver. Mariano estaba de novio hacía un par de años y, si bien sabemos que no es impedimento de nada, confiaba en que estando en relación con  otra mujer iba a ser más fácil desdramatizar ese "Me pasan cosas con vos"
Calentate conmigo, pero no te enamores, porque estamos fritos.

Pudimos llevar una buena relación durante años y yo veía que su noviazgo se iba afianzando cada vez más. Y aunque las indirectas nunca dejaron de sucederse pude relajarme y tener con él una relación descontracturada hasta el día de hoy. Las insinuaciones y la tensión sexual nunca se aflojó pero pudimos reírnos de eso y disfrutar de un excelente clima de trabajo.

Un día estaba en la oficina y Mariano me golpeó la puerta. Me alcanzó un café que había pedido al bar y se sentó enfrente mío. Empecé a tomar el café mirándolo y me dijo muy suelto de cuerpo "¿Cuando vamos a coger?". Te juro que casi me ahogo y lancé una carcajada que a él le causó mucha gracia y también empezó a reírse.
  • ¿Qué decís, pendejo atrevido?
  • Nada. Sólo te pregunto si vamos a coger y cuándo porque la verdad es que me muero de ganas. Se me para de solo mirarte - y volvió a reírse
Habíamos tomado tanta confianza en...


Conocé el final de esta historia visitando

carokisses.com

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares