CON LA LENGUA
Si venís leyéndome desde el principio, en esta página o en Twitter, seguramente sabés de mi fascinación y adicción al sexo oral. Nada me provoca más placer que chupar y ser chupada. Siempre digo que un hombre fanático de chupar la concha y buen manejo de los dedos conmigo usaría la pija sólo para cogerme la garganta. Soy capaz de acabar a mares y quedar exhausta con el solo uso de la lengua y de los dedos. El filo de los dientes rozando el clítoris y los labios estirando con fuerza mis labios vaginales. Adoro a los hombres que aman chupar la concha como yo amo chupar la pija. Tengo la lengua insaciable y soy de las que recorren todo el cuerpo de un hombre con ella. Me encanta chupar pies, axilas, tetillas, pelvis, perineo, huevos (puedo pasarme horas allí) y por supuesto: culo, pija y leche.
Siempre fue una de las cosas que más me elogiaron los hombres que conocí. Según dicen, es mucho más excitante y placentero, ver y sentir mujeres apasionadas por chupar la pija que las que lo hacen por pedido. Lo mismo a la hora de acabar, los vuelve más locos una mina como yo que disfruta y se desespera por saborear y tragar hasta la última gota, que a las que hay que pedírselos como un favor y en el preciso momento, o cierran la boca o salen corriendo a escupir en la pileta del baño.
A mí me vas a ver desesperada por sacarte un orgasmo. Desesperada por no perder ni una sola gota y no sacarme la pija de la boca hasta habértela dejado tan limpia como me la entregaste. La pija se chupa así. Con ganas, con deseo, con fanatismo, con dedicación y deseando hacerlos acabar para tragar hasta la última gota de leche. Que tu performance te recompense con el orgasmo más abundante, espeso y caliente de tu amante. Que tu hombre sienta que se le aflojan las piernas y que no quiere terminar de acabar jamás.
Franco había sido uno de esos noviecitos de adolescente que tuve cuando vivía con mi abuela. Nada importante, "un filito" de esos que los chicos suelen tener para chapar o ir de la mano de un lado a otro. Si bien entraba en la casa de mi abuela como "el novio de la nena" nosotros teníamos claro que no había posibilidad de nada más que de pasarla bien. Eramos chicos y a esa edad la gente sólo piensa en coger. Las calenturas que nos agarrábamos chapando no me las olvidaré jamás. Yo tendría 15 años y Franco 18. Recuerdo que nos revolcábamos en la cama de una manera que era imposible no terminar cogiendo, pero siempre pasaba lo mismo. Arrancábamos chupándonos y la penetración no llegaba nunca. Sabía cómo Fran cogía con los dedos, pero no me había metido nunca la pija porque siempre lo hacía acabar antes de ese momento y nuestros polvos eran siempre a escondidas y a las apuradas.
Franco tiene la pija gorda y larga, amaba chupársela. Me pedía por favor que lo dejara cogerme antes de acabar pero el fanatismo por chupar pija que tengo hasta hoy, era el impedimento más grande para sacármela de la boca. SIEMPRE terminaba acabándome en la garganta.
Lo más lindo que Fran tenía era el mismo vicio que yo. Le gustaba mucho chupar concha y lo hacía de maravillas. Innumerables las veces que antes de irse a su casa, en el pasillo que iba hasta la calle, nos quedábamos chapando y Franco se ponía de cuclillas a chuparme la concha. Cómo era una cosa de prácticamente todos los días, yo salía sin bombacha y con la minifalda de jean que, por aquellos tiempos, era lo poco que tenía para cubrirme. Enredaba una pierna en su cuello, apoyada contra la pared, y él se despedía de su chica besándole la concha de la manera más rica que te puedas imaginar.
Nuestro affaire duró unos cuantos meses hasta que los dos nos calentamos con otros y cada uno, sin rencores, fue probando por otros caminos. Franco quedó en mi memoria como uno de los ....
Siempre fue una de las cosas que más me elogiaron los hombres que conocí. Según dicen, es mucho más excitante y placentero, ver y sentir mujeres apasionadas por chupar la pija que las que lo hacen por pedido. Lo mismo a la hora de acabar, los vuelve más locos una mina como yo que disfruta y se desespera por saborear y tragar hasta la última gota, que a las que hay que pedírselos como un favor y en el preciso momento, o cierran la boca o salen corriendo a escupir en la pileta del baño.
A mí me vas a ver desesperada por sacarte un orgasmo. Desesperada por no perder ni una sola gota y no sacarme la pija de la boca hasta habértela dejado tan limpia como me la entregaste. La pija se chupa así. Con ganas, con deseo, con fanatismo, con dedicación y deseando hacerlos acabar para tragar hasta la última gota de leche. Que tu performance te recompense con el orgasmo más abundante, espeso y caliente de tu amante. Que tu hombre sienta que se le aflojan las piernas y que no quiere terminar de acabar jamás.
Franco había sido uno de esos noviecitos de adolescente que tuve cuando vivía con mi abuela. Nada importante, "un filito" de esos que los chicos suelen tener para chapar o ir de la mano de un lado a otro. Si bien entraba en la casa de mi abuela como "el novio de la nena" nosotros teníamos claro que no había posibilidad de nada más que de pasarla bien. Eramos chicos y a esa edad la gente sólo piensa en coger. Las calenturas que nos agarrábamos chapando no me las olvidaré jamás. Yo tendría 15 años y Franco 18. Recuerdo que nos revolcábamos en la cama de una manera que era imposible no terminar cogiendo, pero siempre pasaba lo mismo. Arrancábamos chupándonos y la penetración no llegaba nunca. Sabía cómo Fran cogía con los dedos, pero no me había metido nunca la pija porque siempre lo hacía acabar antes de ese momento y nuestros polvos eran siempre a escondidas y a las apuradas.
Franco tiene la pija gorda y larga, amaba chupársela. Me pedía por favor que lo dejara cogerme antes de acabar pero el fanatismo por chupar pija que tengo hasta hoy, era el impedimento más grande para sacármela de la boca. SIEMPRE terminaba acabándome en la garganta.
Lo más lindo que Fran tenía era el mismo vicio que yo. Le gustaba mucho chupar concha y lo hacía de maravillas. Innumerables las veces que antes de irse a su casa, en el pasillo que iba hasta la calle, nos quedábamos chapando y Franco se ponía de cuclillas a chuparme la concha. Cómo era una cosa de prácticamente todos los días, yo salía sin bombacha y con la minifalda de jean que, por aquellos tiempos, era lo poco que tenía para cubrirme. Enredaba una pierna en su cuello, apoyada contra la pared, y él se despedía de su chica besándole la concha de la manera más rica que te puedas imaginar.
Nuestro affaire duró unos cuantos meses hasta que los dos nos calentamos con otros y cada uno, sin rencores, fue probando por otros caminos. Franco quedó en mi memoria como uno de los ....
Comentarios
Publicar un comentario