Matías, mi alma gemela

Conocí a Matías a través de Twitter y después de apenas quince minutos de charla entendí que tenía del otro lado a mi propia versión masculina. 
Amantes de los "líos sexuales" y la variación constante, poco a poco nos dejamos llevar. Cuando me di cuenta, nuestra charla sobre la vida y los negocios se fue por las ramas y terminamos inevitablemente convencidos de que tarde o temprano teníamos que coger.
Eran las tres de la mañana de esa primera charla que había comenzado antes de las doce y Matías ya me había hecho acabar tres veces sólo con palabras. Las fotos y los audios por WhatsApp iban y venían y de mi teléfono salía fuego. Era tal la excitación que Matías me provocaba que podía sentir el delicioso olor de su pija emanando de mi celular. Fantaseamos mil cosas y los dos nos prometimos volver a acabar juntos pero cuerpo a cuerpo. Soy una mujer de mente abierta, de fantasías poco comunes y de no quedarme con las ganas de nada. Matías tiene la mente tan morbosa como yo. Disfruta del desbande sexual y no pone límites cuando se trata de gozar. Al igual que yo, goza mucho más del placer del otro que del suyo propio. Diariamente estuvimos en contacto hasta que por fin pudo concretarse el encuentro tan esperado por los dos. 
Dejé mi auto en una playa de estacionamiento cercana al departamento en Palermo donde Matías tenía preparada la mejor de las bienvenidas. Pasó a buscarme por allí en el horario exacto en que habíamos quedado. Subí al auto y los dos nos miramos con una sonrisa ampliamente generosa. No dijimos una sola palabra. Me pasó la mano por detrás del cuello y presionando me llevó hasta su boca. Nuestras lenguas se encontraron y no fue un beso de "Hola, qué tal?". Fue un beso cargado de toda la calentura que veníamos acumulando en los chats. Sentí su lengua recorrerme y llegar casi a la garganta. Sus labios me mojaron toda la cara y no dudo que sin importar nada de lo que pasaba alrededor, hubiéramos cogido en esa misma esquina. Matías desabrochó su pantalón y sacó la pija a punto de explotar. Se veía la cabeza roja, se marcaban todas las venas y tenía la rigidez de un mástil. "Empezá", me dijo, y con su mano en la nuca me hizo bajar hasta ponerme la pija en la boca. Pasó los cambios como pudo y no paré de chuparle la verga hasta que llegamos al playa subterránea de su edificio. Me levantó de los pelos y me besó. Desaforado y caliente me manoseaba las tetas y el culo como podía. Revolvía mi pelo con sus manos y la lengua parecía desprenderse de su lugar para meterse en mi boca. Bajó el escote gigante de mi remera y sacó las tetas para chuparlas. Las mordió, las saboreó, las lamió...marcaba los pezones con el filo de sus dientes y yo sentía que estaba a punto de explotar. Amo sentir las tetas baboseadas por ustedes, amo el placer que me genera verlos chupar pezones. Es allí donde yo tengo mi punto G. Me desespera y me vuelve loca que me los chupen y me los muerdan. Lo apretaba contra mi pecho y revolvía su cabello con una mano mientras con la otra lo pajeaba. Empecé a sentir mis dedos pegajosos, la pija de Matías mojada, llena de líquido preseminal y las venas que le latían con fuerza. Lo pajee pocos segundos y volvi a acomodarme entre sus piernas para chuparle la pija. Lamí y saboree todo su jugo. Caliente, salado y sabroso. Pasé la lengua dibujando su glande y bajé hasta los huevos para metérmelos en la boca. Los comí de una manera desesperada. Amo chuparlos. 
Volví a su boca para besarlo y en pocos segundos ya tenía otra vez la pija apoyada en la boca. La escupí y desparramé mi saliva a lo largo. Volví a escupirla y la metí en la boca llevándola hasta el fondo. Sentí que la posición me cortaba el aire pero aún así seguí mi trabajo de darle placer. La llevé hasta el fondo. Sentí una arcada y la llevé más a fondo. Pude sentir los huevos apoyados en la pera y entonces saqué la lengua por un costado y los acaricié con ella. Empecé suavemente a pajearlo con los labios baboseando toda la pija adentro de mi boca. Lamiéndola sin sacarla. Chupé un largo rato la verga de Matías mientras lo escuchaba gozar. Amo sentir esos quejidos masculinos mientras les chupo la pija. Amo sentirlos agitados cuando me cogen. Dulce y armoniosa melodía. 
Matías hacía presión sobre la nuca y a pesar de sentir que me ahogaba lo dejaba seguir. Era él el dueño, amo y señor de ese momento. Nada hace más feliz a un hombre que una mina que sabe chuparle la pija. La pija es uno de los nueve puntos más sensibles de un hombre. Si no es el más sensible de todos. Pareciera que las caricias, sobre todo recibirlas, es más cosa nuestra que cosa de ellos. Se olvidan que la piel de los hombres también es extremadamente sensible desde la cabeza a los pies. Que también los hombres disfrutan de ser tocados, manoseados, chupados, lamidos, con dedicación y con ganas. Ellos también necesitan contacto, pasión y morbo. Necesitan que recorran y mimen su cuerpo. Que los adoren y los hagan sentir valorados. Que cada tanto les permitan ser pasivo y esclavo de una hembra, sentirse un poco más libre del rol de experto sexual que le impone la sociedad y que injustamente lo hace responsable de su propio placer y el de la mina que tenga al lado. Doble responsabilidad. Cuando nosotras deberíamos servirles de objeto y poder disfrutar de todo el placer que le generamos entregándonos por completo. Porque no hay nada más placentero que ver gozar al hombre que te está cogiendo con ganas. El que te llena por dentro para satisfacerse y al mismo tiempo hacerte gozar. Me ocupé delicadamente de que muchos hombres descubran que pueden resultarles agradables y sensuales las caricias en el cuerpo. En los huevos y la pija en especial. Sin buscar el orgasmo, ni siquiera la....


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